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Parte I

Siendo las 06:00 de la mañana del día miércoles 25 de enero de 2017 caen los timbres del Cuartel de la Bomba Chile, indicando nuestra salida en apoyo a la ciudad de Constitución. Nueve bomberos conformábamos la tripulación que por tres días se enfrentará a un enemigo conocido por nosotros, pero con una furia jamás vista en nuestro país. Eran semanas en los cuales el sur de país, se enfrentaba a uno de los mayores incendios forestales de su historia.

Se iluminan las balizas de nuestro BX16,  al mando del Teniente 3° Felipe Faúndez; en la tripulación los bomberos: Patricio Pinto, Javier Soto, Diego Faúndez, Leopoldo Guerrero, Sandro Díaz, Sebastián Navarro y Gonzalo Bustos; en la conducción nuestro Maquinista Arturo Olave. El punto de encuentro, cuartel de la 1° Compañía del Cuerpo de Bomberos Metropolitano Sur. En representación del Cuerpo de Bomberos de Santiago, concurren Z2, BX16, H18, BX21. Antes de partir nuestro Teniente 3° nos reúne para encomendarnos a Dios y, pedir por la unión y protección de este grupo de hombres.

La caravana en pleno hace sonar sus sirenas, indicando que el combate está a solo horas de comenzar. En nuestro BX16 alias “la chancha”, el ambiente es tranquilo y distendido; el compañerismo y la unión son esenciales para un Bombero y en los próximos días, éstas condiciones serían claves para lograr el objetivo propuesto por los Oficiales e incluso volver a reunirnos con nuestras familias.

Luego de varias horas de trayecto entramos al camino que nos debería conducir al centro de Constitución. A simple vista no se veía nada fuera de lo normal, pero solo bastaron unos pocos kilómetros para  evidenciar la gran catástrofe que se venía sobre el pueblo de Santa Olga, pueblo que hasta ese instante era completamente desconocido para el personal. Casi sin darnos cuenta y con poco tiempo para reaccionar, en una de las tantas curvas, aparecen un par de carros detenidos a la orilla del camino, junto a ellos estaba el Comandante del Cuerpo de Bomberos de Constitución, quien nos hace señas para detenernos a apoyar las labores en el lugar. El Teniente Faúndez rápidamente da las primeras instrucciones, y aunque aún no llegábamos a destino, ya estábamos enfrentados al fuego traidor.

El fuego estaba relativamente lejos, pero solo bastaron algunos minutos para que estuviera frente a nosotros y nos hiciera saber que un pitón de 52  no es tema para él. Nuestro enemigo creció sin control obligándonos a salir del lugar. En nuestro replegar nos damos cuenta de que estamos completamente solos, las máquinas que ahí estaban cuando llegamos, ya se habían retirado. No podíamos hacer nada más, sin agua en el lugar nuestro enemigo nos daba su primer golpe. La reflexión, una lección para los próximos combates.
El humo y las cenizas pasarían a ser una constante en las jornadas siguientes. El pueblo estaba rodeado de pinos y el fuego no paraba de avanzar. Al poco andar nos topamos con un gran sitio eriazo, en el lugar se encontraban Bomberos de distintos Cuerpos. Entre ellos, unos muchachos con sus ojos llenos de lágrimas, dejándonos entrever la triste noticia ocurrida solo unos minutos antes en un lugar cercano; el enemigo, ese fuego traidor, tomaba su primera víctima, convirtiéndolo en el primer mártir del Cuerpo de Bomberos de Talagante. El comandante del Cuerpo de Bomberos de Maipú formó a todas las compañías presentes para confirmar la triste noticia y nos mantiene en el lugar a la espera de nuevas instrucciones.

Solo unos breves minutos después ya vamos en camino a nuestro segundo combate, pero acompañados de la unidad  Z2. Se trata de dos casas a la orilla del camino rodeadas de pinos y con el fuego próximo a llegar. BX16 y Z2 se posicionan para el ataque en un camino de tierra. Se despliega material, nuestro pitonero se enfrenta con el enemigo, se llenan las mochilas y se extiende el manguerín para ir apagando las múltiples pavesas que propagaban el fuego en los alrededores. La situación es cada vez más adversa, el enemigo alcanza rápidamente los pinos del lugar, llegando a superar los 10 metros de altura. Nuestro pitonero hace su mayor esfuerzo pero el fuego se hace cada vez más incontrolable; hay que replegarse rápidamente, no hay tiempo para guardar nuestro material… ¡¡¡Hay que salir!!! El Maquinista comienza a mover nuestro BX16, junto con ella el material desplegado y todos apoyando las labores de evacuación para no dañar nuestras tiras.

Las pavesas encienden el otro lado de la carretera produciendo otro combate que se torna cada vez más violento. Quedamos sin abastecimiento de agua; Teniente 3° da la orden de evacuar definitivamente el lugar. Lamentablemente el enemigo nos dejó una cicatriz: una de sus pavesas encendió la piscina ubicada en el techo de la chancha, la cual apagamos rápidamente pero el daño ya estaba hecho. Con nuestro material ya guardado y el sabor amargo de la derrota nos retiramos de aquel lugar con la convicción de una próxima revancha. Solo llevábamos unas pocas horas en el lugar y la experiencia vivida ya era muy intensa. Desde ese momento en adelante el ataque al fuego sería distinto, por la intensidad y violencia del enemigo usaríamos pitón de 72.

La hidratación y alimentación debieron ser constantes, el desgaste era extremo. Por esa razón no podíamos siquiera tener la sensación de hambre para evitar posibles desmayos o fatigas. Las barras de cereal pasaron a ser fundamentales durante las próximas horas y días.

Nuevamente en camino a Constitución nos tocó pasar por el lado de un aserradero. Sus troncos, en gran cantidad, apilados ardiendo a un costado del camino nos trae una nueva preocupación: ¿Será capaz la chancha de cruzar hasta el otro extremo a pesar de la fuente de irradiación de calor en el lugar?... El maquinista volcó su experiencia al volante, más el apoyo de toda la tripulación logramos pasar sin novedades, llegando incluso a celebrar por tal hazaña a nuestro maquinista. La chancha estaba intacta.

La carretera nos llevaría al centro de Santa Olga. Nos detenemos en el lugar debido a la gran cantidad de gente que allí se encontraba. Sus rostros lo decían todo. La preocupación es máxima, ya que a lo lejos se ve el avance del traidor en medio de los bosques de pinos. Ayudamos a un vecino del sector a sacar todos sus enceres desde su hogar, presagiando la tragedia que llegaría durante la noche. Luego de un rato aparecería en la camioneta K4 el Capitán de la 14° Compañía, quien estaba a cargo de la Institución. Nos andaba buscando y tenía información de nuestras labores en esas pocas pero intensas horas en el lugar. Nos condujo hasta el Cuartel General ubicado en el centro de Constitución, donde nos reunimos como Cuerpo las cuatro compañías presentes. Los oficiales a cargo se coordinan para enfrentar las próximas emergencias. El descanso fue breve, las cuatro máquinas ya estaban en camino a una nueva batalla. Esta vez la ruta fue bordeando el Río Maule hasta llegar a una planta de tratamiento de aguas servidas. El lugar está rodeado de bosques; el fuego se acerca peligrosamente y la planta almacena productos químicos. El primer ataque se realiza a las afueras de la planta, logrando de forma exitosa contener el avance de las llamas. Luego BX16 y BX21 se posicionaron al interior de la planta con dos líneas de 72. Se espera la llegada del fuego al lugar que se aproxima desde la parte más alta del cerro.

Acá la planificación varía según el comportamiento de las llamas. Capitán 14° comunica por radio que debemos evacuar en forma urgente y no perder tiempo recogiendo material ya que el fuego está muy violento a pocos kilómetros del sector y podría impedir el paso de las máquinas. Rápidamente tripulamos nuestra BX16, las tiras de 72 quedan en el lugar pero como buenos caballeros del fuego nuestros dos pitones se van con nosotros.

Es de noche y solo bastaron un par de kilómetros para encontrar al fuego traidor asechando con sus lenguas de fuego nuestro paso por el camino. Por segunda vez en el mismo día, el Maquinista enfría su sangre para cruzar con éxito el camino. Al otro extremo nos espera Z2, H18 y BX21. Nuevamente desplegamos nuestras tiras con pitón de 72. El ataque es frontal, logrando evitar que el traidor cruzara el camino y tomara la pequeña vivienda que se encontraba en el lugar. El trabajo es apoyado con motosierra, con un buen dominio de esta herramienta, el Bombero Javier Soto hizo de las suyas cortando las ramas de los árboles más próximos a la casa. El trabajo se prolonga por varios minutos. Vecinos del sector se nos acercan con agua, pan y frutas; apoyo fundamental para mantenernos con energía y la moral en alto.

Junto al Bombero Sebastián Navarro tuvimos que convencer al dueño de casa a que debía desalojar con su familia su vivienda. El riesgo de permanecer ahí era muy alto. Nos retiramos con la satisfacción de haber dado lo mejor y con la esperanza de que esa casa no fuera consumida por las llamas.

Es cerca de media noche y estamos en el Cuartel General de Constitución. Bomberos de distintas partes de Chile nos acompañan esta noche. Los saludos van y vienen como si nos conociéramos de toda la vida. Es una nueva inyección de energía para la catástrofe a la que nos estábamos enfrentando. Cofradía Bomberil es lo que se respiraba en el ambiente, el cansancio no pasaba inadvertido; fueron doce horas de trabajo intenso que fueron retribuidas con una cálida cena.


Nuestro Teniente nos comunica que podremos descansar algunas horas en un hostal cercano. Al llegar al lugar nos encontramos con la sorpresa de que no quedaban colchones disponibles… ningún decimosextino reclamó. Extendimos nuestras cotonas de trabajo en el piso, nos sacamos nuestras botas y jardineras, y siendo la 01:45 de la madrugada nos dispusimos a recargar energías para la siguiente jornada.

 

Autor: Bombero Gonzalo Bustos.

Edición: Decimosexta Compañía

 

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